Estantes de papel

Blog de escritura creativa

CAPÍTULO 7 – LA SUERTE DEL TRÉBOL

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El psicólogo Martyn Stewart ha confeccionado un listado en la que enumera los diferentes tipos de hombre: exactamente veintisiete. El elaborado por Jessica Krohne, en cambio, es más exiguo y se limita solo a siete: romántico, intelectual, casanova, exitoso, aventurero, seductor y artista. Diego García los cubre todos. Podría ser lo que quisiese en la vida, conquistar a cualquier mujer o vivir de otra manera sin preocuparse por el dinero: hijo único y huérfano de madre, heredó un gran imperio vinícola con la muerte por accidente de tráfico de su padre. Disfruta del deporte, la escalada, y de los viajes que realiza por el mundo para conseguir sus objetivos: este año finalizó la sevent summits. Por cierto, pinta.

Es una persona humilde, tomó la decisión de encaminar la vida por la ruta de la sencillez cuando su padre despilfarró cuatro mil euros en una fiesta para llenar un jacuzzi con champan francés.

Nunca entendió esa decisión, nunca la compartió.

Con todo, él decidió vivir de lo que le gusta, de la medicina forense complementando su profesión con el deporte al aire libre e intentando conseguir que el gran amor de su vida le acepte para toda la vida: Goizalde Azpieta.

Desde que ella cedió a su invitación el día de la autopsia de Garikoitz, se han visto todos los días. Y aunque hoy viernes no han quedado, él se ha acercado a Mondragón con la intención de verla. Aparca frente al Diario Vasco en la calle Otálora Lizentziatua. Antes de bajarse del coche la ve salir del portal muy arreglada y montarse en su coche.

Aunque él teme meter la pata, la curiosidad le puede. Conduce por la autopista, mantiene una distancia lo suficientemente alejada para que no se de cuenta Goizalde de que le está siguiendo. Solo piensa en por qué ella no le ha contado los planes que tenía para hoy. Cualquier respuesta le hubiese valido.

Pero no puede reprocharle nada porque no formuló la pregunta.

¿Siente celos? No sabe de quién. Por eso le sigue por la A8.

El sol está a punto de desaparecer en el horizonte al llegar a Bilbao. No pierde la estela de Goizalde hasta que un semáforo le obliga a detenerse. Cuando se produce el cambio de luz, gira a la derecha y busca su coche. Le ha perdido la pista.

Circula por las calles de el bocho sin rumbo fijo, despacio, mirando los vehículos aparcados. Hay ocasiones en las que cuando uno quiere tirar la toalla, el destino se pone de tu lado. En el caso de Diego, la suerte de encontrar el coche de Goizalde Azpieta aparcado en la Alameda de San Mamés se la ha regalado el trébol de cuatro hojas que lleva en la cartera guardado. El forense busca en google maps un garaje público, se dirige al parking situado a pocos metros de donde se encuentra detenido en doble fila. Estacionado, regresa al punto donde ha visto el Golf de su amiga.

Bilbao es rica en establecimientos de ocio y encontrar a la persona que buscas en alguno de ellos sería por azar. El médico lo sabe. También, que puede contar con su amuleto. Decide comenzar la búsqueda por los bares de copas cercanos. El dédalo de calles en la zona centro consigue confundirle y se mete en una calle sin salida. Ojeando el móvil parado en la acera, ve acercarse a una pareja muy animosa de mujeres que le miran con coquetería. Las damas, cuando llegan a su altura, giran sobre él acariciándole el cuerpo.

—¿Vienes? Si entras con nosotras no tendrás que pagar.

Zamujo, no sabe que contestar. Deja que las dos mujeres se agarren de sus brazos y le guíen y entran en el emblemático establecimiento de swinger que hay en esa calle sin salida. Nadie le impide el paso cuando están dentro del local. Dejándose guiar por las dos damas, toman asiento en la barra. Suena de fondo Keep Lying, de Donna Missal. La música y las luces animan el ambiente en la sala de baile. Sorprendido por lo concurrido del local, mira a todos los lados sin pronunciar palabra.

—¿Es tu primera vez? —pregunta una de las reinas acariciándole. Ella nota la dureza de su entrenado músculo.

—Sí, es mi primera vez. ¿Siempre hay tantas personas?

—Siempre. Aquí viene gente de todo Vizcaya —contesta la otra.

—Daisy… le tenemos que hacer un tour a nuestro nuevo amigo —le dice la una a la otra.

En el intercambio de palabras, el camarero les ha servido tres chupitos, los que han elegido las divas. Chocan los vasos, solo les da para un trago. Cogiendo a Diego de las manos, las dos chicas le enseñan los recodos del local. La sexualidad de lo que ve le aviva. Parejas que se besan en el pasillo, mujeres que muestran su fina lencería bailando al son de la música. Nota un estimulo al ver a una pareja haciendo el amor encima de una especie de columpio de cuero.

Tríos, cuartetos. Ellos, ellas: el sexo es el señor de la caverna.

Caminando por el pasillo entre la marea de buscadores de diversión, se cruza con una mujer que ha salido de un reservado. Es imposible no verse. La mujer reconocida, abandona el local a toda prisa. El galán forense, se desprende con suavidad de las manos de sus cicerones y sale tras ella. Fuera del establecimiento, antes de que la mujer gire en la esquina, Diego vocifera su nombre.

—¡Goizalde! Espera, por favor.

La nombrada se detiene. Lo hace porque ambos se deben una explicación. A pocos metros de donde se encuentran Goizalde y Diego, un vehículo se ha detenido en la vía. Hay poca circulación a esas horas. Los cristales tintados de la berlina negra, ocultan el rostro de un hombre salpicado de viruela que toma fotografías con una cámara réflex. No piensa, no realiza ninguna valoración. Tan solo realiza el trabajo que le han encargado.

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