Estantes de papel

Blog de escritura creativa

LA CHAMBRE MYSTÈRIOUSE

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Me sorprendió su reacción cuando cogí aquel libro de su librería. Ella muchas veces me comentó que pudo ser una de sus mejores obras. Yo nunca lo había leído ni siquiera reparé en él hasta ese día. Siempre tenía los libros bien ordenados en sus estantes, era muy meticulosa con sus cosas, muy detallista y ese libro fuera de su orden, a distinta altura de los demás llamó mi atención. Era como si alguien lo hubiese sacado de su correspondiente lugar y lo hubiese recolocado en otro.  Lo saqué de su ubicación y me dispuse a ojearlo.

— ¡Qué haces con ese libro, déjalo en su sitio!

 No supe cómo reaccionar ante sus palabras por lo que el libro deslizándose entre mis dedos cayó al suelo. Una factura se desprendió de sus páginas. Me agache ocultando el hallazgo con mi cuerpo y curioso por conocer la ubicación de dicha factura la cogí antes que el libro para ojearla en el suelo. Cada palabra, cada detalle de ese pedazo de papel se iba grabando en mi memoria. Me bastó una mirada fotográfica para que mi memoria ajedrecística procesara toda la información concerniente a ese trozo de papel. La introduje de nuevo en el libro con disimulo, me levanté del suelo y lo coloque en el estante.

¿Qué misterio tenía esa factura? ¿Por qué tanto interés en que no cogiera ese libro? ¿Por qué estaba desordenado en el estante?

— No me prestas atención. Te estoy hablando, estás en tu mundo. Deja ese libro de una vez y revisa tus anotaciones.

—Perdona Concha, no quería molestarte. Me ha llamado la atención que estuviese este libro fuera de su ubicación, con lo ordenada que tú eres y lo he cogido para depositarlo en su lugar. Ahora mismo lo dejo. Y bien ¿Qué quieres que haga con los apuntes? Quieres que los repase o que solo los transcriba.

—Son para el nuevo libro. Solo trascríbelos luego en la segunda corrección ya se verá lo que cambia. Y anda raudo, que cada vez andas más lento. Voy a salir y espero que cuando vuelva esos apuntes estén pasados a limpio.

 Concha cogió ese libro y salió de la casa. Dejé de escribir. Estaba despistado, es cierto. Ello era debido a que mi cerebro estaba ubicando y reconstruyendo cada pedazo de esa factura. Abrí el explorador… accedí a google y tecleé el nombre que aparecía en el encabezado de la factura y su dirección. Correspondía a Madagascar. Seguí visualizando la factura en mi mente. Cerré los ojos. Mlle Sabone… 09/99… dos noches, tres personas.  Mlle Sabone era la protagonista de una novela.  Toda la trama de ella trascurría en Madagascar, en la habitación de un hotel de mala muerte en la que murieron dos personas. Mlle Sabone fue la que sobrevivió para contar lo que sucedió durante esas dos noches en aquella habitación.

 Las horas pasaron y yo seguí ensimismado en mis pensamientos. Concha me despertó, me había quedado dormido en el escritorio.

—Juan… Juan, despierta.

Abrí los ojos.

— ¡Excelente trabajo! Cuando estás bajo presión eres un magnífico escritor. No hay como dejar trocitos de miga a tu alrededor para que hagas de ellos una otana de pan. Fíjate que novela te has sacado de la manga, de una factura que tenía guardaba en este libro has conseguido imaginarte toma esta trama. En dos días la has finalizado, el tiempo que yo he estado fuera de fin de semana. Eres el mejor, ¡pero ya lo sabes verdad! Siempre te lo digo. Y el título… no has pensado en el título.

—La Chambre mystèriouse. Te parece así bien Concha.

—Claro que sí, un título muy sugerente. Y como siempre iremos a 50%. Para eso soy tu representante, ¿no?

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